Puchas
Con sutileza te conjeturo en inmensos mares de pensamientos resurge tu cara con grandes ojos tristes que me ruegan que no hiera ese tierno corazón. Con una mirada susceptible y una sonrisa serena me tranquilizas, con solo oír tu voz templas mi alma que ruge por tus labios y mi hambre de ti. Me sentía acompañado y siempre miraba a mi lado, siempre me ilusionaba que compartías mis momentos cuando en realidad estaba solo. Esa maldita soledad que hoy no me abandona, la misma que me arrebato mi amor y lo llevo a kilómetros de distancia, me haces sentir desdichado al recordarme lo lejos que estás. Todo es una tortura y sin embargo te sigo amando, ese vil sentimiento que se niega a dejarme, el único que me hace sufrir cada mañana. Y refriego mi mano por mi rostro tratando de aclarar las ideas que se vuelven más confusas aún pero nada se soluciona. Mi melancolía es producto de su lejanía y mi miseria de su pasión. Es el esparcimiento del destino o la broma de un omnipotente pero siento aventajarme a esta mala jugada del corazón. En una asombrosa noche y solo por tus palabras caí en las redes de tu calor, y requiero de ti como mis pulmones precisan del aire. Y con un baladro mi interior dice tu nombre, mote que genera cosquilleo en mi vientre y felicidad que se refleja en mi semblante expresión. Aspiro profundo una vez más para digerir el malestar que provoca saber que estás tan distante pero el conflicto en mi remoza porque me genera una nueva sonrisa el saber que eres mía y así como yo te pertenezco... maldigo una vez mas y me sereno al saber que me redimes también.

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