PePeRiNo SeXTa... HeRMoSo... SoS HeRMoSo... !!!
Libido:
Que noche tan dulce. Como manipulas mis sentimientos, que insignificante marioneta del juicio de una niña. Tan virginal, tan santa, tan propensa a manejarme como ella suponga. Tan lejos y tan cerca te encuentro. Estas en otra ciudad, estas muy lejos de aquí pero tu control es tan fuerte que te siento cerca de mí. Maldigo los sentimientos que me circundan, tan solemne, tan insulsa, tan inexperta.
¿Dónde te encuentras bella doncella? ¡Permíteme llegar a la torre a la que se aferra tu corazón!
Pensar en ti solo me silencia pues borras cada palabra que conozco. Tan indescriptible apostura, tan irrefrenable pasión. Lo único que me detiene es el duro conocimiento que no me correspondes. Niegas tu amor a un desilusionado mendigo que vive vanas ilusiones por una imagen celestial. Cada noche miro al cielo tratando de encontrar tu rostro entre la luna y las estrellas, esplendorosos destellos emiten los hados. Insignificantes guiños de aceptación de los poderes omnipotentes. Dulce bella dama ¿Dónde te proteges ante las noches sombrías?¿Dónde se ubica tu oculto aposento? ¿Dónde entregaste tu corazón?
¡Oh! Eres la encantadora melodía que ingresa por mis oídos y rodea mi cabeza. Mi permanente obsesión. Mi imaginación vuela en situaciones de noches perfectas y largos atardeceres en los que me encuentro a tu lado. Como pesas en mi cabeza, como mareas mis sentidos al dar vueltas por mi mente. Me vuelvo testarudo al saber que entregas hoy tu alma a otro, que al cerrar tus ojos conjeturas otro rostro, otros labios. ¡Enfermiza necesidad carnal de sentir tus rosas bembos y tu pálida piel!
Gime mi yo interno, se sofoca y solo libera tensiones al gritar tu nombre ¡Marlene! Que fructuoso baladro. Se arraiga por mis entrañas la carencia de tu boca que solo dimite a flote la diaria penuria de tu ausencia. Estas eterna en mis entresijos desde la punta de los cabos hasta mi misma retina. El iris de mis ojos clama solo por la dulce piedad que inspira tu mirada. ¡Oh! Que minúsculo es el olvido en mi persona. Solo parece ayer cuando te vi por ultima vez, hace ya seis meses que permaneces en mis recuerdos. Dame el consentimiento, permíteme solo robar la castidad y pureza de tus labios. Solo entrégame la dulce caricia de tus manos sobre mi curtido rostro.
Solo permíteme convertir las tormentas que te acosan en suaves rocíos que acaricien tus mejillas. Solo déjame perdurar tu primavera para que cada día aprecies el ocaso en mi compañía. Solo regálame unos momentos para que los adorne con mi sola presencia. Solo hónrame y dime te amo y yo te regalare una vida de restitución. Cédeme tus días para que haga de ellos capítulos de la historia mas romántica aún no escrita.
Acongojado solo con la carencia de tus suspiros vivo cada día siempre expectante de ver tu figura en las lejanías de la tarde y con el sol sobre mi cabeza en las mañanas. Solo me calcino a fuego lento con las llamaradas que son despedidas por las frustradas ilusiones de encontrarte una semana de estas... Acongójame.
¿Recuerdas?
Recuerdas esas frías noches de invierno donde me permitías gozar de tu presencia. Dónde el tiempo solo era una parábola de los ancianos y en nuestras personas se ocultaba la perpetuidad de las cosas porque cada segundo entre nosotros era eterno.
Recuerdas esas aburridas noches donde cada momento que me necesitabas solo me buscabas con la mirada y yo asistía solo con mi sonrisa. Esas deshojadas y oscuras jornadas donde solo me hacías reír con tu armoniosa voz como herramienta.
Recuerdas esos calurosos días donde nos fugábamos de la realidad y nos introducíamos en la insulsa promiscuidad del amor. Dónde solo la situación daba para escapar hacia ese lugar distante que era solo nuestro, ese secreto de dos.
Recuerdas lo emocionado que me encontraba cada vez que en medio de la multitud yo te distinguía. Y la sonrisa que plasmabas en mí solo por acercarte. De los gratos momentos en que nos diferenciábamos de los demás únicamente por nuestra picaresca personalidad.
Recuerdas esa última tarde donde caminamos bajo las hojas secas y ese gran parque en el que solo coexistíamos vos y yo. Esa tarde donde el sol brillaba suavemente y solo magnificaba su presencia con un esplendoroso rayo que nos escoltaba paseándose delante de nosotros. Esa tarde donde me di cuenta que te amaba, esa tarde que te diste cuenta de lo nuestro, ese día que te regale una flor, el símbolo de mi amor, humilde pero hermoso, pequeño pero colosal, insignificante pero simbólico. ¿Lo recuerdas? Porque parece que no es así...
Que noche tan dulce. Como manipulas mis sentimientos, que insignificante marioneta del juicio de una niña. Tan virginal, tan santa, tan propensa a manejarme como ella suponga. Tan lejos y tan cerca te encuentro. Estas en otra ciudad, estas muy lejos de aquí pero tu control es tan fuerte que te siento cerca de mí. Maldigo los sentimientos que me circundan, tan solemne, tan insulsa, tan inexperta.
¿Dónde te encuentras bella doncella? ¡Permíteme llegar a la torre a la que se aferra tu corazón!
Pensar en ti solo me silencia pues borras cada palabra que conozco. Tan indescriptible apostura, tan irrefrenable pasión. Lo único que me detiene es el duro conocimiento que no me correspondes. Niegas tu amor a un desilusionado mendigo que vive vanas ilusiones por una imagen celestial. Cada noche miro al cielo tratando de encontrar tu rostro entre la luna y las estrellas, esplendorosos destellos emiten los hados. Insignificantes guiños de aceptación de los poderes omnipotentes. Dulce bella dama ¿Dónde te proteges ante las noches sombrías?¿Dónde se ubica tu oculto aposento? ¿Dónde entregaste tu corazón?
¡Oh! Eres la encantadora melodía que ingresa por mis oídos y rodea mi cabeza. Mi permanente obsesión. Mi imaginación vuela en situaciones de noches perfectas y largos atardeceres en los que me encuentro a tu lado. Como pesas en mi cabeza, como mareas mis sentidos al dar vueltas por mi mente. Me vuelvo testarudo al saber que entregas hoy tu alma a otro, que al cerrar tus ojos conjeturas otro rostro, otros labios. ¡Enfermiza necesidad carnal de sentir tus rosas bembos y tu pálida piel!
Gime mi yo interno, se sofoca y solo libera tensiones al gritar tu nombre ¡Marlene! Que fructuoso baladro. Se arraiga por mis entrañas la carencia de tu boca que solo dimite a flote la diaria penuria de tu ausencia. Estas eterna en mis entresijos desde la punta de los cabos hasta mi misma retina. El iris de mis ojos clama solo por la dulce piedad que inspira tu mirada. ¡Oh! Que minúsculo es el olvido en mi persona. Solo parece ayer cuando te vi por ultima vez, hace ya seis meses que permaneces en mis recuerdos. Dame el consentimiento, permíteme solo robar la castidad y pureza de tus labios. Solo entrégame la dulce caricia de tus manos sobre mi curtido rostro.
Solo permíteme convertir las tormentas que te acosan en suaves rocíos que acaricien tus mejillas. Solo déjame perdurar tu primavera para que cada día aprecies el ocaso en mi compañía. Solo regálame unos momentos para que los adorne con mi sola presencia. Solo hónrame y dime te amo y yo te regalare una vida de restitución. Cédeme tus días para que haga de ellos capítulos de la historia mas romántica aún no escrita.
Acongojado solo con la carencia de tus suspiros vivo cada día siempre expectante de ver tu figura en las lejanías de la tarde y con el sol sobre mi cabeza en las mañanas. Solo me calcino a fuego lento con las llamaradas que son despedidas por las frustradas ilusiones de encontrarte una semana de estas... Acongójame.
¿Recuerdas?
Recuerdas esas frías noches de invierno donde me permitías gozar de tu presencia. Dónde el tiempo solo era una parábola de los ancianos y en nuestras personas se ocultaba la perpetuidad de las cosas porque cada segundo entre nosotros era eterno.
Recuerdas esas aburridas noches donde cada momento que me necesitabas solo me buscabas con la mirada y yo asistía solo con mi sonrisa. Esas deshojadas y oscuras jornadas donde solo me hacías reír con tu armoniosa voz como herramienta.
Recuerdas esos calurosos días donde nos fugábamos de la realidad y nos introducíamos en la insulsa promiscuidad del amor. Dónde solo la situación daba para escapar hacia ese lugar distante que era solo nuestro, ese secreto de dos.
Recuerdas lo emocionado que me encontraba cada vez que en medio de la multitud yo te distinguía. Y la sonrisa que plasmabas en mí solo por acercarte. De los gratos momentos en que nos diferenciábamos de los demás únicamente por nuestra picaresca personalidad.
Recuerdas esa última tarde donde caminamos bajo las hojas secas y ese gran parque en el que solo coexistíamos vos y yo. Esa tarde donde el sol brillaba suavemente y solo magnificaba su presencia con un esplendoroso rayo que nos escoltaba paseándose delante de nosotros. Esa tarde donde me di cuenta que te amaba, esa tarde que te diste cuenta de lo nuestro, ese día que te regale una flor, el símbolo de mi amor, humilde pero hermoso, pequeño pero colosal, insignificante pero simbólico. ¿Lo recuerdas? Porque parece que no es así...

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